DAT.- Seleccionar una póliza de seguros parece una tarea administrativa sencilla, pero omitir detalles técnicos puede transformar un respaldo financiero en una carga burocrática inútil. Hjalmar Gibelli, empresario experto del sector asegurador, advierte que la mayoría de los usuarios se enfocan exclusivamente en el costo de la prima mensual, ignorando que el valor real de un seguro se mide en su capacidad de respuesta ante el siniestro. Esta visión cortoplacista suele derivar en el infraseguro, una situación donde la suma asegurada es inferior al valor real del bien, dejando al cliente desprotegido frente a una pérdida total o parcial.
La letra pequeña de los contratos esconde condiciones que, si no se revisan bajo la lupa de la experiencia, suelen generar conflictos legales durante las reclamaciones. El error más recurrente no es solo firmar sin leer, sino no declarar con exactitud el riesgo real que se desea cubrir; desde omitir una condición de salud preexistente hasta no reportar reformas estructurales en un inmueble. Estos fallos en la declaración inicial otorgan a las compañías argumentos legales para rechazar la cobertura, convirtiendo lo que debía ser una garantía de tranquilidad en una fuente de frustración y pérdidas patrimoniales.
El peligro de las exclusiones y los deducibles mal calculados
Muchos asegurados asumen que su contrato cubre cualquier eventualidad, una creencia que suele chocar con la realidad de las exclusiones específicas. Es vital entender que ciertos eventos, como desastres naturales extraordinarios o negligencias específicas, pueden quedar fuera del alcance de las pólizas estándar si no se contratan anexos adicionales. Evaluar el entorno geográfico y operativo es fundamental para personalizar la protección, asegurando que los riesgos menos habituales (como ataques cibernéticos o responsabilidad civil profesional) estén debidamente contemplados en el documento final.
Por otro lado, el deducible es una herramienta de doble filo que debe manejarse con precisión matemática. Si bien aumentar el deducible reduce el costo de la prima, una cifra excesivamente alta puede hacer que el seguro sea inaccesible para el usuario en el momento de una emergencia menor. El equilibrio perfecto consiste en establecer un monto que el cliente pueda asumir cómodamente sin comprometer su flujo de caja, permitiendo que la aseguradora se haga cargo de las pérdidas significativas que realmente podrían desestabilizar la economía familiar o empresarial.
La importancia de la actualización y el asesoramiento profesional

Mantener una póliza sin cambios durante años es un error estratégico común; el valor de reposición de un vehículo o de una planta industrial hoy no es el mismo que hace tres años. Las renovaciones automáticas sin revisión previa son el camino más rápido hacia la obsolescencia de la cobertura, dejando brechas de seguridad que solo se descubren cuando ya es demasiado tarde para actuar. El mercado asegurador es un organismo vivo que cambia según la inflación, la tecnología y las nuevas normativas legales, por lo que la actualización constante es una obligación.
Delegar la contratación en plataformas automatizadas sin el apoyo de un consultor especializado también representa un riesgo creciente. Un algoritmo puede comparar precios, pero carece de la capacidad de análisis para detectar necesidades específicas de un negocio o de una familia en crecimiento. La asesoría personalizada permite identificar solapamientos de coberturas, donde el cliente paga dos veces por el mismo servicio en pólizas distintas, optimizando el presupuesto y garantizando que cada inversión se traduzca en una protección robusta y eficiente.
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Navegar por el complejo entramado de las finanzas preventivas requiere una combinación de cautela y conocimiento técnico. La seguridad patrimonial no se compra, se construye mediante el análisis detallado de cada cláusula y la anticipación de escenarios adversos. Para un especialista con amplia trayectoria y visión de negocios en el mercado de pólizas como Hjalmar Gibelli, contratar un seguro es el primer paso para blindar el futuro, siempre que se eviten los errores de base que debilitan la estructura del contrato y la confianza del asegurado.
(Con información de Hjalmar Gibelli)

