Will: Follow the Light – Reseña de una Odisea

Hay videojuegos que se construyen sobre la espectacularidad y otros que apuestan todo a la intimidad de una historia personal. Will: Follow the Light, desarrollado por TomorrowHead Studio, pertenece de lleno a la segunda categoría. Esta aventura narrativa ambientada en el implacable entorno del Ártico intenta navegar —nunca mejor dicho— entre las aguas del drama emocional y la simulación técnica, ofreciendo una experiencia que brilla con luz propia en sus mejores momentos, pero que también tropieza con algunas piedras en el camino.

El título nos pone en la piel de Will, un farero cuya vida solitaria se ve abruptamente interrumpida por un desastre natural que devasta su hogar y termina con la desaparición de su hijo, Thomas. A partir de ese punto de quiebre, lo que sigue es una travesía cargada de desesperación, esperanza y reflexión, donde cada decisión y cada hallazgo nos acercan tanto al desenlace como a las propias heridas del protagonista.

Una travesía emocional en el norte

La premisa del juego es inmediatamente efectiva y no necesita demasiados artificios para engancharnos: un padre desesperado que debe enfrentarse a los elementos para encontrar a su hijo, quien aparentemente ha sido llevado por su abuelo distanciado. Esa tensión familiar latente le añade una capa de complejidad emocional que va mucho más allá del simple “rescate”, convirtiendo el viaje físico en una metáfora del viaje interior.

A lo largo de una aventura que oscila entre las 5 y las 8 horas, el jugador explora temas pesados y profundamente humanos como el duelo, la soledad y la reconciliación familiar. Will: Follow the Light no tiene miedo de habitar el silencio ni de dejar que la melancolía permee cada rincón del paisaje nevado. Para algunos críticos, la narrativa alcanza momentos de profunda catarsis, especialmente en su tramo final, logrando que el jugador reflexione sobre sus propias relaciones personales y sobre aquello que damos por sentado hasta que lo perdemos.

Sin embargo, no todo navega en aguas tranquilas. Otros sectores de la crítica señalan que el ritmo se ve afectado por transiciones abruptas y por una falta de urgencia en los personajes secundarios, quienes a veces parecen extrañamente indiferentes ante la magnitud de la tragedia. Es una disonancia que puede sacar momentáneamente al jugador de la inmersión, recordándole que está ante una obra con ambiciones que ocasionalmente superan su ejecución.

Navegación y mecánicas: luces y sombras

Si hay un elemento que distingue a Will: Follow the Light del resto de aventuras narrativas del mercado, es sin duda su sistema de navegación a vela. Lejos de resolverse con una simple transición cinemática, el juego pone en nuestras manos el yate Molly y nos obliga a gestionarlo de verdad: ajustar velas, operar cabrestantes y leer el comportamiento del mar. El resultado es una sensación de peso y autenticidad física que ha sido muy elogiada y que se convierte, casi sin proponérselo, en el corazón jugable de la experiencia. Cuando el viento sopla a favor y la embarcación responde a nuestras maniobras, el juego encuentra su mejor versión.

A esto se suman las secuencias de trineo tirado por perros, que resultan estimulantes y visualmente atractivas, aportando variedad y dinamismo a la travesía. El único pero es que se sienten demasiado breves: justo cuando empezamos a disfrutarlas, terminan, dejándonos con ganas de más.

En contraste con estas alturas, el núcleo de la experiencia descansa en un “walking simulator” centrado en la resolución de acertijos, y es precisamente aquí donde el juego flaquea para buena parte de la crítica. Muchos de estos puzzles se sienten como tareas domésticas mundanas o como mantenimiento eléctrico repetitivo —cambiar fusibles, buscar una bujía en lo que parecen doce pasos— y esa cotidianidad puede terminar blanqueando la sensación de aventura que el resto del juego se esfuerza tanto por construir.

Por fortuna, no todo es rutina. Una de las mecánicas más interesantes gira en torno a una lámpara especial capaz de emitir diferentes colores de luz para revelar ecos del pasado y resolver desafíos narrativos. Es un recurso elegante que conecta lo jugable con lo emocional, usando la luz —ese motivo central del título— como puente entre el presente del protagonista y los fantasmas que arrastra.

Donde el juego muestra más sus costuras es en el pulido. Se han reportado problemas del clásico “Eurojank”: bugs que llegan a bloquear el progreso, animaciones rígidas y modelos de personajes que no siempre están a la altura de los impresionantes entornos que los rodean. Son detalles que, si bien no arruinan la experiencia, sí recuerdan que estamos ante un estudio con más ambición que recursos.

Apartado técnico y atmósfera

Si hay algo en lo que Will: Follow the Light no admite discusión, es en su apartado visual. Gracias al uso de Unreal Engine 5, el juego brilla con una contundencia notable. Los paisajes escandinavos, la iluminación reflejándose sobre el agua y los efectos climáticos como la niebla y las tormentas crean una atmósfera de aislamiento y belleza sobrecogedora. Cada amanecer sobre el océano helado, cada tormenta que amenaza con tragarse la Molly, funciona como una postal que invita a detenerse y contemplar.

El diseño de sonido y la banda sonora complementan a la perfección esta inmersión. El crujido de la madera, el rugido del mar y el silbido del viento construyen un paisaje sonoro que envuelve al jugador y refuerza esa sensación de soledad ante la inmensidad del norte. Es audio que no adorna, sino que narra.

En cuanto al rendimiento, en PC se reporta una optimización sólida, capaz de mantener tasas de cuadros estables incluso en configuraciones gráficas altas, algo que se agradece tratándose de un motor tan exigente como Unreal Engine 5.

Conclusión

Will: Follow the Light es una obra de gran pasión que destaca, sobre todo, cuando deja que el viento y las olas cuenten la historia. Sus momentos de navegación, su atmósfera arrebatadora y su corazón emocional son razones más que suficientes para subirse a bordo. Aunque sus puzzles mecánicos y ciertos problemas de ritmo y pulido lastran la experiencia, la excelente representación de la vida náutica y la honestidad de su historia humana lo convierten en una recomendación válida para quienes buscan una travesía íntima en un entorno majestuoso.

No es un viaje perfecto, pero sí uno que vale la pena emprender.

Calificación: 7.0 / 10

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